[Enfoque de Baek Cheol-hyeon] La vistosa cáscara del ‘AX agrícola’ y el cinismo de unos agricultores que no abren la cartera
La incómoda verdad de la agricultura avanzada revelada por 36 expertos… una alta barrera atrapada en la ‘tecnología de laboratorio’ Solo el BEP tarda 7 años, y si el software falla todo se detiene… Hace falta revisar la ‘aceptación en el terreno’, no solo el ‘número de unidades distribuidas’
El gobierno lleva días derramando optimismo, al declarar la ‘difusión de la inteligencia artificial (IA) agrícola’ y la ‘transformación digital’ como una panacea capaz de salvar a las zonas rurales que se están extinguiendo. Es un mundo en el que tractores autónomos aran los campos sin el menor margen de error, y el asistente de IA ‘Isak-i’ analiza el clima para elaborar el calendario agrícola óptimo. Si uno se guiara solo por los anuncios del gobierno, el campo surcoreano ya sería un centro de agrotecnología de vanguardia comparable a Silicon Valley.
Pero detrás de ese escenario deslumbrante, el rostro real que enfrentan los agricultores es frío e implacable. Los resultados de una encuesta realizada por este diario con motivo de su aniversario, dirigida a la Sociedad Coreana de Maquinaria Agrícola y a 36 expertos —las máximas autoridades del país en maquinaria agrícola y agricultura inteligente—, fueron impactantes. El nivel real de adopción en el terreno de la IA agrícola y la agricultura inteligente en Corea, según la percepción de los expertos, fue de apenas 3,53 sobre 10, mientras que la satisfacción con el servicio posventa (AS) obtuvo un pobre 3,58.
La razón de tanto cinismo en el terreno es clara. Por muy vistosa que sea la tecnología, no genera en absoluto el ‘ROI (retorno sobre la inversión)’ que haga que los agricultores abran la cartera. Un agricultor entrevistado en el terreno se lamentó: “Con el combustible subiendo y los ingresos bajando, ¿cuándo voy a recuperar lo invertido en un tractor caro? Por duro que sea, no me queda más remedio que suplirlo con mi propio cuerpo.”
En el caso de tractores avanzados y robots de cosecha no tripulados que cuestan cientos de millones de wones, el tiempo medio necesario para alcanzar el punto de equilibrio (BEP) sin subsidios es de 6,85 años. En una situación en la que los ingresos agrícolas por pyeong están estancados, y dadas las condiciones particulares de Corea —parcelas pequeñas, irregulares y fragmentadas en torno a 1 hectárea—, no hay agricultor dispuesto a asumir durante casi siete años el riesgo de una inversión de cientos de millones de wones. Las autoridades deben grabarse la dolorosa observación de una figura académica: “Los agricultores quieren ‘tecnología práctica que puedan usar ahora mismo’, más que tecnología ultramoderna para un futuro lejano”.
Un problema aún mayor es la asimetría de una política gubernamental que ‘distribuyó máquinas pero dejó de lado a las personas’. En el terreno, cuando se producen ‘averías digitales’ como conflictos de firmware o fallos de conexión con la nube, es frecuente que el trabajo se detenga durante días porque nadie puede hacer nada. Eso se debe a que la infraestructura rural actual de AS sigue anclada en la reparación mecánica tradicional: apretar tornillos con llaves manchadas de grasa.
Además, ni siquiera existe una formación sistemática de personal por regiones, y hasta los centros de tecnología agrícola de ciudades y condados —los más cercanos a los agricultores— carecen de capacidad para analizar y prescribir soluciones a partir del torrente de datos digitales. Los jóvenes operadores altamente cualificados capaces de manejar la tecnología se dan la vuelta, frenados por su preferencia por la ciudad y por las malas condiciones de asentamiento rural. Por muchos robots importados y costosos que se distribuyan con subsidios, si no hay quien los repare cuando se averían ni quien los opere, no son equipos avanzados, sino simple ‘chatarra inteligente’ de alto precio.
Ha llegado el momento de despertar de la ilusión de ‘digitalizar todas las explotaciones agrícolas’ y afrontar la realidad con frialdad.
Hay que poner fin al actual método de difusión que obliga en la práctica a cada agricultor a comprar maquinaria cara, y girar urgentemente el paradigma de la política hacia ‘bienes públicos compartidos (tipo alquiler)’ centrados en los centros de alquiler de maquinaria agrícola de los gobiernos locales o en las entidades regionales de gestión de campos. Es mucho más realista concentrarse en suministrar ‘tecnología apropiada, simple y de bajo costo’ que incluso los agricultores mayores puedan usar con facilidad, como KakaoTalk, con solo unas palabras, y activar ‘servicios de trabajo agrícola por encargo’ para los pequeños agricultores.
El valor de la tecnología no se demuestra en los monitores impecables del laboratorio donde se desarrolla, sino en el áspero campo rural donde vuela el polvo y se dispersa la paja de arroz. No debe tomarse a la ligera el golpe directo que llega desde el terreno: “Quienes diseñan la política de IA agrícola no entienden con precisión la IA”. Un ‘AX agrícola’ que no es más que una cáscara, obsesionado con llenar cuotas de distribución, no puede ayudar a los agricultores. Lo que se necesita ahora no son algoritmos vistosos, sino una cirugía mayor a fondo centrada en la ‘aceptación en el terreno’, que reduzca aunque sea en un won los costos de gestión de los agricultores y se convierta en las manos y los pies de los agricultores de edad avanzada.
Este artículo ha sido traducido automáticamente por IA (Inteligencia Artificial).